sábado, 19 de junio de 2010

La religión influye en el idealismo burgués


Las virtudes burguesas

La religión ha jugado un papel importante en el desarrollo de las ideologías, por supuesto la economía no escapó a su influencia. Durante la Edad Media la iglesia se ocupó en dictar las pautas morales bajo las cuales los individuos de la sociedad debían guiarse para no ir en contra de los principios religiosos. La religión postulaba que esta vida era sólo una preparación para la próxima y para que esa vida futura fuera dichosa debía ser planificada desde esta vida en este mundo material. El llevar los preceptos que eran ordenanzas del clero suponía el éxito en cuanto a la salvación del alma, es decir, que desde este mundo terrenal las personas podían tender los puentes que les dieran la seguridad de alcanzar la gloria en el reino de Dios. La ética y la moral eran los pilares de la doctrina eclesiástica y su influencia permeó a toda la sociedad medieval. Pero llegaría el ocaso de esa era y el Renacimiento traería consigo innumerables cambios en todos los aspectos de la vida. La religión y la economía no fueron ajenos a tales cambios: el movimiento de Reforma trajo, en su impulso de cambios, la simpatía por la obtención de capitales sin tomar en cuenta la moral de antaño. Aun así los capitalistas encontraban argumentos que justificaban su forma de actuar, incluso hasta fomentaban sus actitudes, en las religiones de la Europa renacentista.

Catolicismo

El tomismo había dado su carácter racional a la doctrina de la iglesia desde el siglo XIV y afirma que todo es capaz de ser puesto bajo el dominio de la razón. Esta racionalización del mundo incluía las pasiones humanas, especialmente la sexualidad: “Pecado es todo aquello que contraviene a la orden de la razón”, por eso todas las pasiones debían estar bajo control mediante una severa disciplina que guarda el equilibrio de la razón. Los apetitos sensuales deben estar bajo la tutela de la razón de tal manera que no haya un estallido violento de las pasiones provocando la perdida del control. El Decálogo de La Biblia era la ley sobre la cual se basaba la disciplina, pero, sobre todo, el elemento primordial con el que se llevaba a cabo tal moralidad era el temor de Dios que despertaba en las personas, pues seguramente Dios censuraría tales actos pecaminosos. De ahí la necesidad por racionalizar la conducta de las personas: ello les permitía posarse en un plano más elevado que el de las pasiones burdas. El plano de la razón, por tanto, estaba más cerca de Dios.

El capitalismo, al igual que la iglesia, era muy racional en cuanto a su estructura ideológica; ambos tenían metas en común: buscaban mejorar las condiciones de vida y para ello debían hacer uso de la racionalidad llevando a la práctica una estricta disciplina. Pero el capitalismo lo hizo a la inversa de como lo venía haciendo la iglesia: invirtió la importancia de las cosas espirituales a las materiales, dando como resultado el Homo capitalisticus. La iglesia, por decirlo así, inspiró al capitalismo su método de expansión, le dio las bases sobre cómo hacerse presente en la mentalidad de las personas prometiendo en esta misma vida la gloria, el paraíso o en términos capitalistas el éxito. Para obtener el resultado anhelado los capitalistas tenían que seguir los pasos que estipulaba Tomás de Aquino: represión de los impulsos eróticos era lo recomendado con tal de evitar el despilfarro de recursos. El estar equilibrado le da la seguridad al capitalista de no hacer un uso indebido de los recursos con los cuales podrá tener más éxitos en su búsqueda del ideal capitalista. El celibato es una norma monástica que sería aprovechada también por los seguidores del capitalismo. El hombre en busca de fortuna debía evitar caer en cualquiera de los dos extremos: la avaricia y el despilfarro, ambos son un obstáculo para alcanzar su meta. La ociosidad también debe ser evitada, pues es tomada como principio de todo vicio. El ocioso es un despilfarrador del tiempo que Dios le ha dado en este mundo. La honestidad es otra de las virtudes que fomenta el capitalismo aunque no siempre era muy socorrida, para ello la iglesia tuvo que idear una forma de control: la confesión fue una manera de entrar más directamente al mundo interior de los individuos. Los curas tenían que estudiar la Suma Teológica para saber qué actitud tomar ante los diferentes casos que tenían enfrente. Para que los tratos entre las personas, incluidos los comerciales, fueran más honestos se tuvo que hacer uso del Pecado Mortal, que buscaba evitar las mentiras, afirmaciones ambiguas y falsos juramentos en las transacciones comerciales. Otras virtudes eran: la Prudencia que implica a las siguientes virtudes secundarias: Memoria, Entendimiento, Inventiva, Raciocinio, Docilidad, Previsión. Ante la virtud se oponen: Imprudencia, Precipitación, Inconsideración y Negligencia. Si nos detenemos en este punto podemos ver que las virtudes antes mencionadas son poseídas por los empresarios o por la gente que puede mover grandes capitales. Seguramente esas mismas virtudes están presentes en personas comunes como nosotros, pero no son notables debido a que no logran mover el suficiente dinero como para ser tomadas en cuenta en el medio económico. Entonces esas virtudes, para gente de recursos limitados, sólo nos llevan a tener una aspiración en el reino de Dios.

Protestantismo

El movimiento de Reforma había promovido la intimización del hombre, esto lo llevaba a concebirse como un ser en camino de lo material a lo espiritual. El protestantismo daba preferencia a lo espiritual, no se interesaba por los bienes de este mundo. Por esta razón fue un tanto renuente a la tendencia capitalista. Sobre todo la rama puritana, que estuvo presente con más fuerza en Escocia, veía en la pobreza una manera de acercarse a Dios. Otras vertientes del protestantismo, como el luteranismo y el calvinismo, no fueron tan reaccionarias ante las tendencias burguesas, más bien tomaron alguna influencia de él, como lo fue la práctica de la usura por parte de los calvinistas. En cambio los puritanos escoceses mantuvieron su ideal de pobreza con la idea que ésta era la mejor manera de estar protegido contra las tentaciones del mundo. En su Directory Baxter señala los 10 males que se derivan del amor al dinero: el dinero aleja el corazón del hombre puesto en Dios; cierra los oídos a la palabra de Dios; destruye la santa meditación; no deja que el hombre se prepare para su muerte; es la causa de riñas entre parientes y de guerras entre naciones; es el origen de las injusticias y de la opresión; destruye la caridad y las buenas obras; siembra el desorden en la familia; hace que los hombres caigan en la tentación del pecado y priva al alma de la comunión con Dios. En sus escritos, Baxter, es demasiado explícito en cuanto a la importancia que tenía en ese momento el llevar una vida de pobreza. Durante mucho tiempo, especialmente en Escocia, muchas personas vivieron realmente conforme a estas doctrinas, o sea, que pasaron la mayor parte de su vida en la iglesia o en preparación de la próxima. El puritanismo, al igual que el catolicismo, exige que la vida sea regulada por la razón, que las pasiones se pongan bajo su dominio y que se trace un plan con miras a obtener el fin último que es Dios. Las exhortaciones de la moral puritana son: 1) Laboriosidad (Industry): es no mantenerse en el ocio, es hacer la voluntad de Dios. 2) Ocuparse en cosas útiles. 3) Templanza ante la embriaguez y la lascivia (La represión sexual fue mayor que en los países católicos, pero esa represión sexual en los países anglosajones degeneró en mojigatería). 4) Espíritu de ahorro: esta virtud es compartida por tomistas y puritanos. Los tomistas otorgan al ahorro una sensibilidad artística donde pervive el espíritu celestial de la meditación agustiniana. De esta virtud se deriva La magnificencia que es el deseo de hacer algo grandioso y espléndido: se piensa en la iglesia y en la comunidad. Pero este deseo por realizar cosas magníficas puede ser aplicado al plano exclusivamente personal, pero esta virtud no fue muy importante para la sociedad puritana de aquellos tiempos. En cambio, la virtud capital era la parvificencia o mezquindad: es todo lo contrario a la magnificencia, es decir, que en vez de hacer cosas grandes primero se cuida de gastar lo menos posible y con ello realizar las obras propuestas. Dicho en otras palabras la mezquindad antepone lo económico a las otras consideraciones, de ahí que la vida se tenga que amoldar a las capacidades del bolsillo. En esto el puritanismo le ha servido de mucho al capitalismo, pues una de sus máximas es: mayor ganancia a menor costo. Aun así el puritanismo no crea ni desarrolla las virtudes burguesas puesto que la burguesía tenía más tiempo de vida que el puritanismo, lo que hace el capitalismo es aprovechar los elementos ideológicos que le permitirán desenvolverse en la sociedad. Es un mito que de los países puritanos haya surgido la locura de hacer cuanto fuera posible por hacerse de capital, más bien esas sociedades eran opuestas a tal doctrina. Sólo era bien vista la obtención de bienes cuando el fin era moralmente aceptable como, por ejemplo, apoyar a la comunidad o la iglesia local. De la misma manera no es en el puritanismo de donde surgió el espíritu empresarial que en esos países se desarrolló después de la época puritana, más bien se debió a la influencia y a la tendencia de los mercados internacionales haciendo que personas pertenecientes a esas comunidades formaran empresas.

Judaísmo

Es lo opuesto a las dos religiones anteriores. Este postula el libre mercado y la usura como medios válidos. Al contrario del cristianismo, en el judaísmo se pueden encontrar argumentos para cobrar intereses por el préstamo de dinero a los no judíos. En La Torá y El Talmud, según el autor, se encuentran las claves para ejercer la usura. Lo que llama la atención es que los judíos se pueden aprovechar de los extranjeros o de los que no son adeptos a esa religión para cobrarles altos réditos por un préstamo. Las escrituras exoneran al judío de cualquier falta debido a esa práctica. En sí la usura es mala, pues un judío no puede cobrarle intereses a otro judío, esto solo se permite en el caso de los extranjeros. Incluso se menciona en las escrituras que al momento de hacer tratos comerciales con algún extranjero, el judío puede hacerse de la vista gorda y dar cosas de baja calidad o mercancía defectuosa sin que por ello el judío tenga que caer en pecado. Los judíos fueron los prestamistas de las cortes de los reinos europeos por casi toda la Edad Media y gracias a ello obtuvieron grandes ganancias apoyados en su religión. El judaísmo también aprueba el comercio libre, es decir, la libre competencia. Alguien puede vender una mercancía pero no puede ejercer un monopolio sobre ella. Por eso alguien más puede vender de esa misma mercancía sin caer en pecado, incluso puede vender su mercancía frente al otro comerciante, o sea, que puede hacerle abierta competencia sin que por ello sea sancionado. Si algún extranjero quiere participar del comercio puede, para entrar al negocio, bajar sus precios, poniéndose en desventaja frente a los judíos que seguramente le compraran sus mercancías a bajo costo para luego venderlas a precio normal.

Es muy familiar para nosotros la influencia del judaísmo en el mercado porque vivimos con ella: el crédito es un tipo de usura y sin él el capitalismo no sería posible. Incluso nosotros mismos estamos influenciados por el espíritu judío: cuando alguien necesita de nosotros hacemos una estimación de lo cercano que nos sentimos hacia esa persona: si es uno de los nuestros lo apoyamos: le hacemos el favor a un bajo costo “de amigos” decimos. Pero si es alguien ajeno le aplicamos el costo “normal” de nuestro trabajo o servicio. Sin darnos cuenta hemos sido influenciados por la actitud del mercado judío. No tengo nada en contra de los judíos, pero creo que Hitler no estaba tan errado en cuanto a que había que hacer algo en contra del desmedido poder e influencia del judaísmo en el comercio mundial, sólo que para mí, la guerra y el exterminio racial, no eran las soluciones al problema.

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